Con el retorno a la democracia a principios de los ’90 el asunto medioambiental comenzó a tomar forma en Chile, viéndose plasmado después de no menores contiendas políticas en la CONAMA (véase el articulo de Eduardo Silva en Greening Environmental Policy: The Politics of a Sustainable Future). La llegada y creación de ONGs ambientalistas, el mayor involucramiento ciudadano, los casos, La Farfana, Pumalín, Eider – pescadores, Barrick Gold – Glaciares, Celco-Cisnes y entre otros, han traído más oradores al podio, acentuado y reafirmando el discurso medioambiental en nuestro país, el que seguramente se verá repotenciado con la reciente y flamante creación del Ministerio de Medioambiente. Este discurso, al igual que en la mayoría del globo, ha demostrado ser ambiguo y la doble motivación de su lenguaje revela una estructura dialéctica a través de la cual se expresa simultáneamente una narrativa utópica y un mito ideologizado de totalidad y consenso. La ambigüedad de palabras claves de este discurso tales como comunidad, sustentabilidad, diversidad, democracia, globalización y medioambiente ha sido claramente descrita por Bourke y Meppem (Local Environment, Vol. 5 No.3), quienes advierten el riesgo que esto impone para el desarrollo de políticas medioambientales efectivas.
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