¿Existe una solución al descarte pesquero? Si la hay, ésta debiera considerar aspectos legales, tecnológicos y comerciales, evitando caer en actitudes demagógicas, de alto impacto en la opinión pública, pero de un costo social y económico no menor.
Articulo del autor publicado en ChilePesquero (Ene-Feb, 2007)
El descarte pesquero -definido como la acción de desechar al mar especies hidrobiológicas capturadas- no es un problema reciente, pues se arrastra desde hace siglos...y quizás desde el comienzo de las actividades de pesca, por parte de los hombres primitivos. Pero no es necesario recorrer toda la prehistoria e historia para tener una visión global de la problemática del descarte. Basta con mencionar algunos hitos ampliamente espaciados en el tiempo para percatarse que el problema persiste y es, con ciertos matices, el mismo.
La primera referencia histórica conocida data de la época de Jesucristo. En Mateo 13: 47-48, se lee: “Asimismo el reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, coge toda suerte de peces: la cual estando llena, se saca a la orilla; y sentados, se coge lo bueno en cestos, y lo malo es echado fuera”.
Habiendo reconocido la comunidad pesquera internacional al descarte como un problema importante, la Convención de Naciones Unidas sobre la Ley del Mar (UNCLOS, 1982), en lo relativo a la conservación y manejo de especies altamente migratorias requiere a los Estados pesqueros de alta mar minimizar la polución, el desperdicio, el descarte y los impactos sobre especies asociadas o dependientes. Todo ello mediante medidas que propendan al desarrollo y uso de técnicas y artes de pesca selectivos, ambientalmente seguros y de costo-efectivos.
Sin embargo, no es hasta 1992 -y a través de Naciones Unidas- que se hace un esfuerzo real, serio y global por reducir los descartes, con la Moratoria para Redes de Deriva. Un aporte global posterior, cuyo preludio fue la Agenda 21 de 1992, se logra con el acuerdo de aplicación voluntaria del Código de Conducta para la Pesca Responsable promulgado en 1995 por FAO.
Un estudio presentado por FAO en 1994, estimaba el descarte mundial entre 18 y 40 millones de toneladas, lo que representa cerca de un 20% de la captura mundial. La situación más crítica se aprecia en el Pacífico Norweste, en tanto que el arte de pesca con la mayor tasa de descarte era la red de arrastre camaronera. La situación actual indica que el descarte es un problema que puede ser reducido significativamente, pero en ningún caso eliminado en su totalidad. Por ello, la tendencia es a utilizar las especies y/o tamaños de especies no deseados en procesos productivos alternativos, idealmente orientados al consumo alimenticio humano directo o indirecto.
La situación en Chile
Los primeros eventos significativos de descartes en Chile, probablemente comenzaron en la década de 1960 en la pesquería de crustáceos demersales, particularmente en la de camarón nailon. Esta pesquería se desarrolla con red de arrastre pegada al fondo marino, y por este hecho captura y retiene una variedad de especies de escaso o ningún interés comercial, como pejerratas, rayas, jaibas e incluso algunos moluscos, los que son devueltos al mar con prácticamente nulas posibilidades de sobrevivencia. En esta misma pesquería, actualmente se conoce la existencia de descartes de ejemplares pequeños de la especie objetivo, con el propósito de llevar a planta ejemplares que cumplan con los requerimientos de calibre. Este hecho es comúnmente denominado como hacer “piano” en cubierta.Otro evento de descarte conocido comenzó a verificarse en la pesquería de jurel con red de cerco. A partir de 1981 la pesquería comenzó a ser regulada con la imposición de un tamaño mínimo de captura de 26 cm longitud horquilla, y, cierto porcentaje de la captura por debajo de este tamaño es sancionado. Por esta razón, los patrones de pesca, cuando sus capturas estaban compuestas mayoritariamente por ejemplares bajo la talla mínima (particularmente durante la llamada “crisis del jurel”), comenzaron a descartarlas mediante “cortar la cuba” de sus redes. Esta acción, deja escasas posibilidades de sobrevivencia a los ejemplares descartados, pues aún cuando no son llevados a cubierta, son de tal forma apretados por el “matador” del copo contra la nave, que sufren severos daños.
Las pesquerías de arrastre de peces demersales (merluza del sur, merluza de cola y merluza común) no han estado exentas de descartes. Si bien no existe tamaño mínimo de captura de éstas últimas dos especies, hay tamaños mínimos comerciales. Así por ejemplo, en la pesquería de merluza común, hasta 2003, se prefería un tamaño mínimo de entre 35-40 cm de longitud total, para ser llevado a planta, pues sobre este tamaño se obtienen mejores rendimientos y calidades de producto final, y las características de tamaño del ejemplar se adecuan a los requerimientos del consumidor. En esta pesquería, el descarte de ejemplares inferiores la talla de referencia se produce generalmente en el parque de pesca por los tripulantes, quienes botan los ejemplares pequeños a un tubo que se denomina “chute”, y que expulsa los pescados hacia el mar.
- En la pesca artesanal e industrial, las motivaciones para efectuar descartes son múltiples, y no están asociadas necesariamente a los Límites Máximos de Captura por armador (LMC).
Adicionalmente, se pueden producir descartes masivos, cuando el nivel de captura es muy alto, y la acumulación de la misma en los pozos de acopio del parque de pesca produce deterioros en la calidad de la carne de los pescados. Este descarte se efectúa en forma casi automática, abriendo las compuertas de los pozos de acopio, permitiendo que la captura entre a una cinta sinfín que la transporta hasta otra compuerta, y de ahí entran al “chute”.
Con la aplicación de los Límites Máximos de Captura (LMC) por armador en 2001, es posible que los descartes en pesquerías con tamaños mínimos legales o comerciales se hayan incrementado; aunque esta misma ley sancionó el descarte (sólo para las pesquerías con LMC por armador). La lógica así lo indica, pues con fines de eficiencia económica, los pescadores tratarán de capturar y desembarcar solamente ejemplares de mejor tamaño y calidad, y si estas condiciones no se cumplen lo más fácil es botar parte o la totalidad de la captura al mar. En términos amplios, esta situación no ha sido corroborada formalmente (salvo algunos eventos aislados) y menos cuantificada científicamente en el caso de las pesquerías nacionales (actualmente IFOP desarrolla una línea investigativa en este sentido), pero existen claras evidencias de esta situación en otras pesquerías del mundo que han aplicado regímenes de administración como las cuotas individuales de captura, las que han debido ser acompañadas por mecanismos que minimizan y desincentivan esta práctica.
En pesquerías artesanales de peces demersales con espinel (merluza del sur por ejemplo), también es habitual que los pescadores efectúen descartes, y paradójicamente esta acción no está prohibida en la Ley de Pesca. En esta pesquería artesanal se descarta porque los pescadores tienen una cuota limitada y un tamaño mínimo comercial (cercano a 62 cm; el tamaño legal es superior a 60 cm). Siendo esta la situación, los pescadores tratan de desembarcar la totalidad de su cuota solamente con especies “comerciales”, y el resto “no comercial” es descartado directamente al mar o comercializado sin declarar (sub-reporte). En esta misma pesquería, también es frecuente el descarte de las especies que no son objetivo, como la merluza de cola y merluza común, debido a que tienen un menor precio que la especie principal y particularmente la carne de merluza de cola se deteriora más rápido, haciendo más dificultosa su conservación en el trayecto a puerto. Un proyecto del Fondo de Investigación Pesquera (FIP), ha estimado que el descarte en esta pesquería alcanzaría niveles de entre 8,5% y 37,5%, aun cuando se hace la salvedad que esto correspondería a sub-reporte y no a descarte.
Otras pesquerías artesanales también tienen al descarte como práctica habitual no penalizada; y es el caso de todas aquellas que tienen talla mínima legal o algún tipo de regulación que impulsa a los pescadores a devolver el recurso al mar. Dentro de éstas se puede contar la pesquería de la langosta de Juan Fernández, las pesquerías de jaibas y las pesquerías de algunos moluscos, entre otras. Es probable que el daño provocado por esta práctica en estas pesquerías sea menor; sin embargo, el descarte en otras esquerías artesanales es mediáticamente impactante, como es el caso del descarte de tiburones en la pesquería de pez espada.
Investigaciones sobre el descarte
Un gran esfuerzo, aunque aún no suficiente, se ha hecho en el campo de la investigación. Se han financiado diversos estudios por parte del FIP orientados a evaluar la situación y a buscar medidas de solución. Algunos estudios hasta 2003 desarrollados y/o aprobados, por cerca de UF 28.373, con relación a fauna acompañante, descarte y captura incidental son:
- Selectividad de redes de arrastre en pesquería de merluza común (FIP 96-25).
- Biomasa estacional de merluza común – descarte en las faenas de pesca (FIP 96-33).
- Selectividad de redes de arrastre en la pesquería de camarón nailon (FIP 99-17).
- Diseño y aplicación de dispositivos selectivos en pesquerías de crustáceos demersales (FIP 2001-23).
- Interacción de la pesquería de bacalao de profundidad con mamíferos y aves marinas (FIP 2001-31).
- Selectividad en la pesquería artesanal (espinel) de merluza del sur (FIP 2002-08).
- Plan de acción para mitigar efectos de la pesca de palangre sobre aves marinas (FIP 2003-21).
- Interferencia de mamíferos marinos con actividades pesqueras (FIP 2003-32).
Recientemente, el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) ha desarrollado una línea de investigación tendiente a caracterizar y cuantificar (en la medida de lo posible) el descarte en las principales pesquerías industriales. Para ello, y con el aporte de la Subsecretaría de Pesca, se ha potenciado el programa de seguimiento de pesquerías a bordo con observadores científicos.
Por el lado de la empresa privada, los esfuerzos se han orientado principalmente a la implementación de mejoras tecnológicas en dispositivos de detección: ecosondas, sonares y ojos de red. Al mismo tiempo, en los últimos 4 años han comenzado a implementar mejoras en los artes de pesca, como aumento de tamaños de malla y mallas cuadradas, que facilitan el escape de ejemplares pequeños.
Los elementos de la solución
Las perspectivas en el futuro inmediato -tanto nacionales como internacionaleses que el tema del descarte cobre cada vez más relevancia. Sin embargo, se debe tener cuidado de no caer en actitudes demagógicas, de alto impacto en la opinión pública, pero de un costo social y económico grande, como iniciativas de prohibición a ciegas de uso de ciertos artes y aparejos de pesca.
Se debe tener en cuenta que la ciencia y la tecnología difícilmente retroceden, siempre avanzan y se perfeccionan. Por esta razón, los artes de pesca deben ser perfeccionados, junto con mejorar y ampliar (al sector artesanal) la legislación nacional en esta materia, al tiempo que es deseable crear incentivos para disminuir esta práctica. Adicionalmente, una visión ecosistémica de las pesquerías ayudaría notablemente a internalizar el problema del descarte en la gestión de pesquerías. No se debe perder de vista que el problema del descarte es un problema histórico, que cruza a gran parte de las pesquerías nacionales, tanto industriales como artesanales.
- El descarte si bien es un problema histórico y que cruza casi todo tipo de pesquerías, ya sean industriales o artesanales, puede ser reducido significativamente, pero difícilmente eliminado.
Una mayor conciencia ecológica por parte del consumidor, quien debiera tender a preferir productos que hayan sido capturados con escasa intervención y perturbación del medio u otras especies (concepto subyacente en el ecoetiquetado) potenciarán la disminución de los descartes. El desarrollo de la tecnología, también jugará un rol fundamental al proporcionar medios costo-efectivos que permitan disminuir el descarte.
Naturalmente, la legislación pesquera también debe ser perfeccionada, para no caer en aberraciones como las que actualmente se producen, y en las que se considera como descarte el devolver una tortuga marina al mar, por ejemplo. También la legislación pesquera debiera hacerse cargo del descarte a la luz de otras medidas de administración deseables, como son los tamaños mínimos de captura y los LMC.
Finalmente, la aplicación de lineamientos internacionales, como el Código de Conducta para la Pesca Responsable, debiera implicar tanto para el Estado como para los usuarios hacerse cargo de los desafíos que la problemática del descarte impone.


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