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Jurel tipo Salmón: La Ambigüedad del Discurso Medioambiental

Enviado por Mauricio Galvez el 26/09/2007 a las 08:46 AM
Con el retorno a la democracia a principios de los ’90 el asunto medioambiental comenzó a tomar forma en Chile, viéndose plasmado después de no menores contiendas políticas en la CONAMA (véase el articulo de Eduardo Silva en Greening Environmental Policy: The Politics of a Sustainable Future). La llegada y creación de ONGs ambientalistas, el mayor involucramiento ciudadano, los casos, La Farfana, Pumalín, Eider – pescadores, Barrick Gold – Glaciares, Celco-Cisnes y entre otros, han traído más oradores al podio, acentuado y reafirmando el discurso medioambiental en nuestro país, el que seguramente se verá repotenciado con la reciente y flamante creación del Ministerio de Medioambiente. Este discurso, al igual que en la mayoría del globo, ha demostrado ser ambiguo y la doble motivación de su lenguaje revela una estructura dialéctica a través de la cual se expresa simultáneamente una narrativa utópica y un mito ideologizado de totalidad y consenso. La ambigüedad de palabras claves de este discurso tales como comunidad, sustentabilidad, diversidad, democracia, globalización y medioambiente ha sido claramente descrita por Bourke y Meppem (Local Environment, Vol. 5 No.3), quienes advierten el riesgo que esto impone para el desarrollo de políticas medioambientales efectivas.

La labor de nuestro nuevo Ministerio de Medioambiente es sin duda un desafío de gran envergadura, no sólo por la complejidad técnica y política que los temas a tratar conllevarán, sino que también porque increíblemente tendrá que decidir entre despojarse de (o arroparse con) las cálidas y confortables vestiduras que ofrece el léxico del discurso medioambiental. La nueva Ministra, o al menos sus asesores, deberán plantearse es si estos “conceptos privilegiados” del discurso medioambiental son favorecidos en nuestro país simplemente sobre la base de su apelación metafórica, su “sugestividad”, antes que por su habilidad para promover cursos de acción pragmáticos. ¿Son estos “keywords” solamente dispositivos retóricos que sirven para un objetivo estratégico particular, difiriendo la acción antes que estimulándola? ¿Estos términos solamente “dan a entender” antes que asistir activamente en la “producción” de consenso y acuerdos? Como una ilustración muy reducida tomemos de Bourke y Meppem el análisis del concepto de “sustentabilidad”.

Por una parte, el concepto de “sustentabilidad” ofrece acomodar y mediar el conflicto entre las urgentes presiones medioambientales y las demandas de desarrollo económico, el término sugiere un delicado equilibrio entre medioambiente sustentable y crecimiento-desarrollo sustentables. La narrativa afirmativa del concepto “sustentabilidad” nos ofrece una imagen de armónica integración de las necesidades presentes y de las generaciones futuras. Nos regala una construcción imaginaria de “totalidad” social, un “espacio unitario” donde lo económico y lo ambiental son homogenizados. Por otro lado, el concepto es articulado por una narrativa menos optimista y dependiendo de los oradores hasta más oscura podríamos decir.  El término descansa en el concepto de “sostener” o “mantener”, y solo un ligero giro semántico permite interpretarlo como un principio de cambio. En otras palabras, “sustentabilidad” puede y claramente ha sido usada retóricamente para justificar políticas de status quo, para “contener” incrementos en el nivel de explotación de recursos naturales y mantener el actual nivel de daño o degradación ambiental. En otras palabras, el concepto puede ser fácilmente abrazado por una ideología política conservadora, la que habitualmente se resiste al cambio. Dada la dominancia de las políticas económicas sobre las ambientales, es difícil apreciar la imagen unitaria y consensual de “sustentabilidad”.

“Sustentabilidad” ofrece su propia narrativa épica de integración armónica y, al igual que el concepto de “comunidad”, nos ofrece un “momento utópico”, una visión de un “mundo compartido” que tememos haber perdido. Sin embargo, sólo podemos imaginar la promesa afirmativa del delicado balance de la “sustentabilidad”, si somos críticamente conscientes de su potencialidad para apoyar una lógica política-económica que habitualmente se resiste al cambio (Nunca leyeron ¿Quién se llevo mi queso?). Si no estamos suficientemente conscientes de este problema, “sustentabilidad” vendrá sólo a representar una apelación a la cautela en el uso y preservación de recursos naturales, y por otro lado la gran narrativa del progreso económico continuará dominando.

 







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