¿Qué le espera a las pesquerías bajo el cambio climático?

Por Mauricio Gálvez

Coordinador Programa Marino, WWF Chile

Las proyecciones de los impactos del cambio climático sobre el suministro mundial de alimentos se han centrado exclusivamente en la producción de los biomas terrestres, pasando por alto la importante contribución de las proteínas de origen animal procedentes de la pesca de captura marina. Un reciente estudio publicado por W.W.L. Cheung y colaboradores (1) en Global Change Biology, y que aborda por primera vez este aspecto, arroja preocupantes conclusiones para las pesquerías chilenas.

Los autores del estudio proyectaron los cambios en el potencial máximo de captura mundial (i.e., captura máxima de una especie, dado un cierto tamaño de hábitat y disponibilidad de alimento) a partir de 1066 especies de peces e invertebrados marinos explotados desde 2005 hasta 2055 en virtud de dos escenarios de cambio climático (i.e., los niveles de CO2 al año 2000 se mantienen y, los niveles de CO2 entre 2000 y 2100 se duplican).

Los resultados de este estudio mostraron un muy bajo cambio en la productividad total de las pesquerías mundiales; sin embargo, demuestran que el cambio climático puede conducir a una redistribución a gran escala de las capturas, con un promedio de 30-70% de aumento en las regiones de alta latitud y una caída de hasta un 40% en los trópicos. Tales cambios son más evidentes en el Océano Pacífico. Entre las 20 más importantes Zonas Económicas Exclusivas (ZEEs), en términos de sus desembarques totales, las ZEEs con el mayor aumento en el potencial de captura al 2055 incluyen a Noruega, Groenlandia, los Estados Unidos (Alaska) y Rusia (Asia). Por el contrario, las ZEEs con la mayor pérdida en el potencial máximo de captura son Indonesia, Estados Unidos (excluyendo Alaska y Hawai), Chile y China. En el caso de nuestro país, para el escenario más optimista, se estimó una baja de 6,5%, en tanto que en el escenario pesimista la baja estimada en la captura potencial fue cercana al 9%.  

La actividad pesquera en Chile es muy importante, tanto desde el punto de vista económico como social. Por lo tanto, estos resultados indican la necesidad de desarrollar políticas de adaptación de las actividades pesqueras tendientes a minimizar los impactos del cambio climático. Un elemento que puede contribuir de manera sustantiva a la mitigación de los impactos del cambio climático en la actividad pesquera es la creación de nuevas Áreas Marinas Protegidas (AMPs).

Así lo confirman múltiples estudios y la experiencia práctica que se recoge de la Reserva Marina de Galápagos, o de los Parques Marinos y Áreas Protegidas en la Gran Barrera de Coral al noreste de Australia, por nombrar las más conocidas. Estas zonas de prohibición de actividades extractivas han demostrado que son una fuente de mantención y dispersión de especies hidrobiológicas, con un positivo impacto a las actividades pesqueras. Este es un elemento muy importante y que WWF ha tenido presente al momento de proponer acciones de conservación marina, ya que entendemos que la conservación debe efectuarse teniendo en cuenta las necesidades actuales y futuras de quienes dependen de ciertas zonas o recursos acuáticos.

Para graficar lo anterior, puedo mencionar el estudio de Molloy y colaboradores (2) publicado este año en el Journal of Applied Ecology. A partir de 33 casos alrededor del globo, estos investigadores evaluaron la efectividad de las reservas marinas para proteger las especies de peces. La investigación se enfocó en las densidades de peces, tanto dentro como fuera de las reservas, las que tenían entre 1 a 26 años de implementación. En general, se encontró que los peces son un 66% más abundante al interior de las reservas que fuera de ellas. Adicionalmente, se apreció que mientras más edad tenga la reserva más efectivas son. Se determinó que la densidad de peces crece en cerca de 5% por año al interior de la reserva comparada con áreas vecinas fuera del área protegida.

Ya que los peces no reconocen fronteras, es claro que las áreas protegidas tienen un efecto de spillover (desbordamiento) de adultos, huevos y larvas hacia las áreas colindantes, con el consiguiente beneficio para las actividades pesqueras y de turismo. Precisamente, esta situación fue ilustrada en la exposición que nos hizo Eliécer Cruz, co-creador de la Reserva Marina de Galápagos y actual Director de WWF en esa Ecorregión, en un taller de trabajo realizado en mayo de este año en Santiago. El nos indicaba que las mejores zonas de pesca están precisamente en los bordes de la reserva.

Entonces, para mí es claro que Chile debe redoblar sus esfuerzos en la creación de Áreas Marinas Protegidas. Esto, no sólo para cumplir sus obligaciones adquiridas a través de acuerdos internacionales y explicitados, por ejemplo, en el “Plan de Acción de País para la Implementación de la Estrategia Nacional de Biodiversidad 2004-2015”, sino que además para ofrecer mecanismos que aminoren los impactos del cambio climático sobre el bienestar del sector pesquero artesanal e industrial. Una red representativa de áreas marinas protegidas es, hoy por hoy, el mecanismo más expedito y efectivo para hacer frente las urgencias que nos impone el cambio climático.


 


[1] William W. L. Cheung, Vicky W. Y. Lam, Jorge L. Sarmiento, Kelly Kearney, Reg Watson, Dirk Zeller, Daniel Pauly. 2009. Large-scale redistribution of maximum fisheries catch potential in the global ocean under climate change. Global Change Biology. Early View, Date: September 2009 

[2] Molloy, P., McLean, I.B., Côté, I.M. (2009). Effects of marine reserve age on fish populations: a global meta-analysis. Journal of Applied Ecology 46: 743-751.

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar